JAIME GUTIÉRREZ LEGA: Pasión por el pensamiento.
Diagnóstico: tumor cerebral. Procedimiento requerido: cirugía. Escena siguiente: Jaime Gutiérrez Lega sentado con el médico pidiendo que le explicara la cirugía a la que iba a ser sometido. El médico le expone el procedimiento, aclarándole que debe extraerle piel de otra parte de su cuerpo para poder enmendar la herida causada por la cirugía. Jaime guarda silencio y luego comenta que no le parece correcto que le pongan piel de otro lado en la cabeza, para luego hacer lo que siempre hace frente a un problema: encontrar una solución práctica.
Recordó entonces el obturador de una cámara y como se cerraba y abría con toda facilidad, le hizo el dibujo al médico en un papel y acordaron que así se haría la cirugía. Huella de la cual queda hoy el mismo dibujo en su cráneo, impresionantemente cicatrizado como él mismo dice: “A punta de pensamiento”.
"La locura… La maravillosa locura",
como decía Norman Mejía. Y como corrobora la existencia de Jaime Gutiérrez Lega, que a los ochenta y
tantos, sin haber cumplido tres meses de haberse sometido a la mencionada cirugía
cerebral, sigue explotando en ideas de profundidad conceptual y sencillez
pragmática. Condiciones que, en esta época de conocimientos vagos, desarrollos
líquidos y más bien poco humanismo, bien podría ser calificada como locura…
Sus pasos son ágiles, recorre su casa
con las certezas que le dan el haberla diseñado. Palmo a palmo, con un sentido
común tan amplio como los temas que le interesan.
Un papel y el cortaúñas -que lleva en
el bolsillo a manera de herramienta- es suficiente para que dueño de una
capacidad lúdica excepcional, le explique a un grupo de personas uno de sus más recientes diseños: un artefacto para poder
clavar, clavos pequeños, con toda seguridad.
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| FUENTE DE LA IMAGEN: https://knowindustrialdesign.wordpress.com/2015/08/14/pioneros-del-diseno-industrial-en-colombiai/ |
Si un individuo corriente se machuca,
se considerará en general con mala suerte o hasta bobo. Gutiérrez Lega por el contrario ve
una oportunidad: “Las buenas soluciones se dan cuando los problemas nos afectan
directamente”. Premisa, que ha acuñado con décadas de exitoso trabajo
ininterrumpido como diseñador industrial, incentivado muchas veces por lo que
otros consideran obstáculos. Tratando siempre de llegar a la respuesta más
simple, pues como el mismo asegura “Sí hay una manera más sencilla de hacerlo,
no he encontrado la forma correcta.”.
Cubiertos, mesas, bisagras, puertas,
escalones, exhibidores, escritorios, bibliotecas, cabinas para teléfonos,
envases, lámparas, dispositivos para jardinería inteligente, andamios,
carteras, lapiceros, juegos… Parece que los cinco sentidos no alcanzaran para digerir
todo lo que es capaz de mostrar en una tarde. Parte de su acervo de inventor
insaciable.
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| Con Jaime Gutiérrez Lega en su residencia. |
Cuando uno habla de sentarse, a la
gran mayoría de los individuos sanos, nos parece una actividad casi que anodina.
Algo que por cotidiano no nos detenemos a analizar, ni mucho menos a sentir de
manera especial, esto por supuesto, hasta que se nos atraviesa una silla de
Jaime Gutiérrez Lega.
En su taller hay cientos de sillas. Cada una de ellas con personalidad propia, seduciendo de forma distinta, contando una historia... Premiadas, anónimas o míticas -como es el caso
del conocido Ovejo-, las sillas de Jaime Gutiérrez Lega son una experiencia, un
lujo de la ergonomía, un símil de la escultura, pero, además -siendo quizá la
razón última de sus particularidades- dueñas de un savoir faire que nos hace
trasegar por diversas sensaciones cada vez que pasamos de la una a la otra…
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| FUENTE DE LA IMAGEN: http://www.disenoenvenezuela.com/2012/01/el-arte-de-crear-muebles-utiles-con.html |
Prácticas, funcionales y ojalá con cero
desperdicios de materiales, entre lona, cuero, madera, triplex, metal,
neumáticos, cemento, apilables, desarmables o fijas; cada una de estas sillas
refleja con exactitud quién las diseñó. Poseen la delicadeza en el detalle que
gobierna la comunicación de su creador, son sólidas como el conocimiento que ha
acumulado, fáciles como su manera de explicar, atemporales como la
naturaleza de su conversación y gráciles como esa seguridad con la que ha
salido de más de un entuerto, cuando por lo regular un ingeniero le dice que su
invento no es viable.
Diseñador del Museo Rayo en
Roldanillo, Valle del Cauca - por mencionar un conocido proyecto-. Cuenta con cierta gracia el debate que tuvo con el
calculista por la idea de hacer un mezanine colgado de guayas de acero para no
lesionar la visual de ciertas piezas, al tiempo que declara sin ruborizarse que
ha cometido muchos errores.
“¡Claro que uno se equivoca! ¡Y se
equivoca mucho!”. Es tal el gusto que le tiene al error, que en una oportunidad
cuando lo llamaron del Museo de Arte Moderno de Bogotá a realizar una
conferencia sobre un reconocido diseñador alemán, se dirigió a la embajada a
pedir documentación sobre las “embarradas” del diseñador. Gobernado por la idea
de no desanimar a los estudiantes que fueran a escucharlo, haciéndoles ver que
todos se equivocan, la diferencia la hace, como se enfrente el error.
La hamaca sobre el vacío en medio de
su casa aparece a la vista como una instalación de carácter suicida. La observo
con insistencia y pregunto si nadie se ha caído de ahí y me responde “Nadie se
cae, y el que se caiga es porque es bobo, y pues si es bobo, vale la pena que
se caiga”...
Su humor se debate entre lo caustico y lo dulce, tal cual sus ideas que transitan a sus anchas en el territorio de lo
aparentemente absurdo, explorando las posibilidades alternativas a lo que se
nos ha dado como cierto en la educación tradicional.
Todo lo cuestiona: tiene incluso teorías muy bien fundamentadas
-en su importante colección arqueológica y sus altos contactos en las esferas
de la investigación arqueológica, física y antropológica mundial- respecto al
lugar de donde salió la humanidad tal y como la conocemos. Defendiendo América
como verdadero origen del género humano.
Apodado en algunos ámbitos como “el
loco de la rana”, gracias no solo a que es el propietario del famoso disco genético y sino también por las décadas que ha dedicado a estudios y análisis al respecto, siendo no pocas las latitudes en donde ha
dado conferencias acerca de su teoría acerca de la especie humana como resultado de una hibridación
entre dos especies: el mono y la rana.
Amante de las artes, su casa ostenta a la entrada el legendario Acueducto de Ramírez Villamizar; ha explorado la pintura y hace unos años desarrolla su proyecto escultórico, en el que su concepción estética abandona la frontera de la utilidad -que ha sido directriz de su desarrollo profesional- y se entrega al placer de crear por el disfrute de verlo y hacerlo; aunque sin duda parece haber disfrutado todo cuanto ha hecho en la vida.
Pasa rápidamente por el inventario de
premios con los que ha sido elogiado su trabajo, mientras muestra la entrada a
una de las cuevas que están bajo su casa. En un terreno que compró hace años,
precisamente en conocimiento de la historia ancestral de ese territorio, en las inmediaciones de Bogotá; justo
donde nuestros antepasados andinos aseguraban que nacía el sol.
Es juguetón, interrumpe la conversación para indicar el inhóspito trayecto a la parte más oscura de la cueva como una invitación, mientras saca una navaja de 3 funciones del
bolsillo de su chaqueta, y con
la picardía de un niño, asegura que le ha encontrado dos funciones más al
artefacto, que nadie más le ha visto.
Conoce su cabeza y el poder que ese
cerebro tiene. Se ha empeñado en las más crueles formas de probar ese poder…
Años atrás, a bordo de su motocicleta tuvo un accidente que le rompió un hueso
y le desencajó un pie. Lo llevaron a la Clínica del Country donde de inmediato
le dijeron que requería cirugía.
Lo ingresaron al quirófano y justo
antes de la anestesia detuvo al médico y se negó a ser anestesiado. El médico
aseguró que nadie era capaz de resistir ese dolor. Una frase que seguramente
echó a la basura ese mismo día cuando operó a aquel joven, solo “anestesiado”
por su primera esposa, quien le tomaba la mano.
Hoy su corazón y sus días están
custodiados por Amparo, su actual compañera. Una mujer que, viviendo tantos años
al lado de este hombre quizá haya perdido la capacidad de sorprenderse con sus
ocurrencias, entre darle instrucciones a un cirujano sobre como coserle la cabeza tras una cirugía, o desarmar cualquier artefacto para descubrir su mecanismo interior. Una oda cotidiana que alcanza a bocetar la montaña rusa que es mantener un lazo con este diseñador.
Un puñado de horas parecieron todo y poco para darle un vistazo a ese mundo con tintes de extra planetario que son la casa y el taller de Jaime Gutiérrez Lega. Le di un abrazo confiando con ello poder atrapar algo de esa energía creativa y positiva que
exhala.
Hubiera podido escucharlo por muchas horas más, pero la prudencia
invitaba a partir. Frente a su voz el tiempo se diluye como el viento frío que
rosa la montaña donde reside, las imágenes se agolpan por su capacidad de
narrador y el sin número de objetos y libros que en su casa aparecen por
doquier. Recordándonos que la historia la hacen los hombres, y que no hay mayor
privilegio que conocerla de sus protagonistas. Seres que a través de los siglos
-que tenemos de existir como especie- se han atrevido como Jaime Gutiérrez Lega
a vivir la vida con pasión, con pasión por el pensamiento.





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