Arlena Hoyos: “Amar hasta que duela y amar hasta que deje de doler”
Por: María del Pilar Rodríguez Saumet

Fotografía: María Paulina Lleras
Veinticuatro:
los metros que excavó hasta encontrar agua potable en donde la sed es tan vieja
como grande. Veinticuatro: la edad de su hijo menor, y el número de años que
tiene de estar atravesando el océano más cruel del mundo: el que hay entre la
opulencia y la miseria.
Es
abogada, especialista en derecho administrativo, procesos sociales de la
familia y métodos alternativos de solución de conflictos, con énfasis personal
en evitar divorcios. Es madre, está casada hace más de tres décadas con su primer
amor, y ha expuesto su vida varias veces por esos otros amores que se le
multiplican cada día… Le diagnosticaron cáncer hace tres años y su
energía ilumina cada habitación con la fuerza que no tiene el más sano de todos
los cuerpos. Sí, parece contradictorio, pero no, es el retrato de una mujer que
en medio de la civilización del espectáculo ha cometido la audacia de dar,
sentir y ser: misericordia.
Sí,
misericordia, esa palabra que se nos presenta con sabor a clase de religión, y
que es en realidad el término que define lo único que esta humanidad necesita
para conquistar de una vez por todas la paz y la equidad: sensibilizarse ante
el otro y sus necesidades.
“¡Me
niego a ser cómplice!” sentencia la voz caribe de gladiadora glamorosa de
Arlena Hoyos, en uso de la autoridad de su corazón. Uno que se alimenta de
abrazos bajo el lente del sol que la baña desde su cama en el barrio moderno
más lujoso de la heroica: Santa Cruz de Castillogrande, hasta justo enfrente, a
un kilómetro y medio de mar donde la pobreza absoluta contrapuntea el más bello
paisaje: la isla de Tierra Bomba.
Presidente
y creadora de la Fundación Dones de Misericordia tiene en la actualidad varias
obras en Cartagena y su zona insular, así como en el aledaño municipio de
Turbaco, que buscan dar protección y apoyo a niños, jóvenes y ancianos en
estado de vulnerabilidad, teniendo como directrices mayores el autorrespeto y
la dignidad, representadas en: escolarización, educación ambiental y apoyo
extracurricular de primera infancia a secundaria; alimentación, albergue y
vestuario para niños y ancianos en abandono y/o en peligro de violencia. Además
de recreación y apoyo psicosocial. Todo liderado por su visión de cambiar el
juzgar por el comprender, el criticar por el resolver, el miedo por la acción,
la lágrima por la sonrisa, el sufrir por el creer…
“La
gente cree que yo los alimento a ellos, y son ellos los que me alimentan a mí.
El sufrimiento más grande de mi vida ha sido estar lejos de los niños y los
abuelitos, de sus abrazos y su cariño… ¡Yo los necesito!”.
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| Fotografía: María Paulina Lleras |
Declara
sin ambages y con la gracia de su esbelta figura, los 55 cumpleaños que hace
mucho se convirtieron en una especie de colecta. Cualquiera que la conozca sabe
que el mejor regalo es algo que le sirva a una de las más de 3.000 personas que
ha beneficiado su fundación a la fecha: Fundación Dones de Misericordia.
Y
no, no se ve a sí misma como una mecenas, de hecho, declara que antes de su
diagnóstico prefería no ser entrevistada, pues como lo dice en desparpajo “yo
no vendo pobreza”, pero las circunstancias y el Club Rotario Cartagena de
Indias que la postuló cómo la mujer Cafam Bolívar 2022, la han hecho caer en
cuenta de la importancia de contar su historia, una que tiene sus capítulos
cruentos, aunque su sonrisa de alma satisfecha haga difícil creerlo.
La
niña que motivó el inicio de sus labores en la Isla de Tierra Bomba hoy tiene
23 años, está ad-portas de finalizar sus estudios universitarios, y su expresión
da fe de que el amor lo puede todo. Incluso, sanar las heridas que le
infringieron antes de cumplir 5 años. Arlena la conoció en su oficina, por los
azares que a veces hacen dialogar lo siniestro con la suerte. Su mirada la
cautivó y la llevó a aquella isla tan cercana de su casa como lejana a sus
privilegios. Vio de frente el horror de lo que la pequeña sufría, símbolo de
otra cantidad de niños violentados sexualmente, y lo que es peor,
revictimizados por la justicia y su síndrome del vencimiento de términos.
Arlena se casó entonces con la idea de hacer algo, de llevar lo que parecía tan
lejano: oportunidades. Y desde entonces su alma no abandona la lucha por
procurar un mejor futuro para los menores de Tierra Bomba.
Tras
aquellas primeras visitas, se unió a 12 mujeres líderes para sacar adelante El
Kiosco de los dones, en el que desde entonces cada sábado, -sábados de paz- se
ofrece recreación, alimentación y formación en valores a más de 300 niños y
jóvenes, y de lunes a viernes apoyo extracurricular a otros 120. Así mismo, más
recientemente (2021) nace Dones Azulado, espacio dedicado a 80 niños de la
primera infancia.
Las
jornadas no siempre son fáciles, hay días en que recibe palabras que para
muchos resultarían ofensivas, pero que ella ha aprendido a comprender como la
única forma de comunicarse de quienes han sido ultrajados y más de una vez
engañados, justamente por sus múltiples necesidades.
Ha
despertado, 5:30 a.m. como lo hace desde que estudiaba derecho en la
Universidad Externado de Colombia. Mira a su lado: ahí está Luis Fernando
Mejía, su esposo, su cómplice mayor. Quien como ella cree en la importancia de
la preservación de la familia, lo que se reitera día a día no solo en los
escenarios de la fundación, sino en otra de sus creaciones: El Centro de
Conciliación Soluciones Pacíficas, donde se aboga principalmente por evitar el
desmembramiento del núcleo familiar en todos los estratos socio económicos,
pues considera que el origen de los principales males de la sociedad actual
está en el desprecio por la familia y su importancia.
Desayuna
mientras repasa mentalmente su agenda; se sube a su carro, saluda sonriente a
Lucho –su conductor hace 30 años-. Irá a visitar una de sus primeras causas. Esa,
que nació de su éxito profesional.
Un
día quiso compartir algo de sus beneficios con una obra social, una amiga la
llevó al barrio Paraguay a constatar el lamentable estado de varios adultos mayores. Contactó
una líder local y empezó a suministrarles alimentación y apoyo -tipo pasa día-.
Pronto no fue suficiente, varios abuelos no eran recogidos, estaban sin hogar.
Es así como tras muchas luchas nace El Hogar de los Dones, hoy en Turbaco. Un
espacio donde cuidan con todos los servicios a 50 ancianos; justo en frente de
donde funciona La Casa de los dones, en la que hoy viven, se educa, nutre y da
apoyo psicológico a 40 niños.
Esta
feliz, es el día que más disfruta: cuando los niños van a jugar con los adultos
mayores, un intercambio de conocimientos e inquietudes que genera crecimiento
en ambas partes, añadiendo a su álbum mental otra razón para avanzar.

Fotografía: María Paulina Lleras
Suena
el teléfono, video llamada, revela su naturaleza líder: da directrices, hace precisiones
jurídicas. De la mano de Claudia Yurley – mujer Cafam 2022- está renovando una
casa en Cartagena para que sea un espacio de atención social y albergue para
200 trabajadoras sexuales y sus hijos; porque lo suyo no es el juicio, si no la
compasión, en consonancia con una de sus sentencias cotidianas: “Lo que por
gracia he recibido, por gracia lo tengo que dar.”
Evita
la crítica institucional, no siente que remplaza la misión de nadie, cumple con
la suya, usando el pecunio familiar, préstamos personales, convenios con el
Bienestar Familiar y uno fluctuante con la alcaldía de Cartagena, amén de la
generosidad de amigos y empresarios, para sumar en la vida de familias que
tienen tantas generaciones de carencias que, creen no merecer. Irónicamente en
la ciudad más deseada de Colombia.
Nació
y creció en una familia amorosa, es la única mujer entre 5 hermanos, tiene
claro que es ser amado, por ello con frecuencia se siente culpable por quitarle
tiempo a quienes más la aman por estar en función de muchas otras personas,
sobre todo cuando es consciente de que podría estar cerca el final, pero esa es
su naturaleza, su forma de vida y de amar, una extravagante y audaz que retrata
esta frase que es un rezo y su propia verdad: “Amar hasta que duela y amar
hasta que deje de doler.”



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