María Alejandra Cardona: de mujer diez a Mamazota

Por: María del Pilar Rodríguez Saumet

Fotografía: María Paulina Lleras #proyectoesperanza

Candelaria, su hija de 4 años corre en su traje de unicornio como si no existieran límites, su hermana Rafaela desde sus maduros 6 la observa. La pregunta regresa: ¿cómo protegerlas?

La vida de María Alejandra Cardona es eso, hacer preguntas. Preguntas incómodas en una nación que como Colombia durante décadas ha vivido en medio de una colección de silencios tejidos por el miedo: el miedo al atentado, al secuestro, al carro bomba, al atraco… El miedo al miedo.

Cuestionamientos que la han movido desde hace más de 20 años a los lugares donde muy pocas periodistas se han atrevido a ingresar, bajo la ingenua, pero, también voraz protección de su pasión por encontrar el origen de todo aquello que pone en peligro a los niños.

¿Por qué los niños?, porque creció en una familia tradicional y ha vivido lo suficiente en esta sociedad disfuncional para entender lo valioso que es una niñez sin peligros y con amor, porque a sus 8 años cuando vio por televisión a los hijos de Luis Carlos Galán en aquel fatídico Agosto de 1989 -siendo aún muy jóvenes- ante el féretro de su padre, sintió el deseo profundo de hacer algo para que esa escena no se volviera a repetir: que nunca más un niño tuviera que llorar la ausencia de un padre por culpa de la violencia.

El camino que escogió fue la denuncia, porque muy temprano entendió que muchas conductas reprobables en contra de la niñez persisten, porque permanecen en la sombra. En Colombia el silencio ha sido tan dañino como las balas.

Se avocó entonces al periodismo, y no uno de verdades a medias, si no ese que emerge de las investigaciones concienzudas, de ir a buscar la fuente fidedigna. Más pendiente de la imagen-prueba que, de su registro en cámara, pues, aunque indudablemente -como se dice popularmente- “la cámara la quiere”, sus prioridades estéticas están bastante lejos de su trabajo.

Conocida por muchos a través de las historias que publicó como productora general del programa televisivo colombiano Los informantes entre el 2013 y el 2019, su recorrido en la investigación periodística nace mucho más atrás: en el 2004, cuando inicia como productora general de los especiales televisivos del controvertido periodista colombiano Pirry.

Él la contactó para este trabajo mientras ella hacía sus prácticas profesionales en el noticiero de RCN, le ofreció a escoger entre investigar y viajar con él como productora de campo, ella escogió lo primero; él no daba crédito.

Y sí, a María Alejandra le gusta viajar, pero más que a destinos paradisiacos, le encantan aquellos viajes que le nacen justo en el fragmento de ventrículo donde habitan las que llaman corazonadas. Algo parecido al olfato de un sabueso en contrapunto con la sensibilidad de una tiradora de alta precisión.

Camina, camina alrededor del computador dándole vueltas a un dato, camina mientras busca en su mente la pieza que falta en el rompecabezas. Otro café: oscuro y sin azúcar. La sala de redacción ahora es el comedor de su casa, pero la ansiedad sigue siendo la misma, porque, aunque tiene el título de periodista concedido por la Universidad Javeriana en el 2005. Esto es un asunto de vocación.

2022, contestó el teléfono, Discovery le abría la puerta a hacer una serie documental para mostrar la otra faz de nuestra realidad. Titulada: “Encontrando los nuevos caminos de Colombia”, una exploración de las bellas historias del territorio, un encuentro con la sonrisa y la magia; con el inalienable derecho a la felicidad, que aquí también florece, y que a María Alejandra le refrescó el alma pero, también acentuó en su razón una densa pregunta: ¿Soy realmente feliz?

Fotografía: María Paulina Lleras #proyectoesperanza

Aquel trabajo se sintió tan bien como la adrenalina cuando se adentró en el Chocó y en San Andrés Islas, a entrevistar a los menores que hacían parte de las bandas criminales. O cuando se internó en una cárcel de máxima seguridad de El Salvador, a entrevistar a los líderes de Los Maras, para confirmar que no eran más que niños sin atención familiar que, habían sido reclutados por estas pandillas y la siniestra leyenda que han dejado tras su paso desde el 2016.

Se enfrentó al espejo, y en él, como la mayoría de las mujeres, vio varios fantasmas… Sintió pánico, no por ella, ya se ha acostumbrado a cargar con los juicios propios de la era de los influenciadores digitales. Sintió pánico por sus hijas, al pensar que ellas también tuvieran que cargar con ese peso, como muchas otras femes que se violentan excusadas en el cruel paradigma de la mujer diez. Le tembló todo al darse cuenta de que si no se sentía totalmente plena, eso aprenderían Rafaela y Candelaria que era la vida…

¡Al carajo la mujer diez! Se dijo exhausta, lo que le dio un poco de paz; pero, tenía claro que decirlo no sumaba ni restaba mucho en el futuro de sus hijas. Salió a caminar al parque, pasó por una construcción y una voz entre coqueta y sádica le gritó: ¡Mamazota! Suspiró. Tanto trabajar, tanto estudiar, para ser solo eso: ¡Una Mamazota!

Esa noche no durmió, la palabrita le siguió dando vueltas. Pensó en descartarla, ese calificativo morboso no iba a cambiar porque ella se parara en las pestañas. Sin embargo, su mente no renunció…

Volvió la ansiedad, el autocuestionamiento telúrico del que ya no podía esconderse. No había proyecto, idea o recurso que le anestesiara el alma: no era feliz.

Habló con algunas amigas, buscó respuestas terapéuticas, llegó a sentirse inmensamente sola en el camino de reencontrarse con la plenitud. Optó por el divorcio, y no solo eso, se determinó a desarrollar herramientas para acompañar a mujeres que transitaran un camino similar. Y lo mejor, usando como bandera el vocablo que semanas atrás la atormentaba, decidida a cambiarle el significado, volviéndola símbolo de empoderamiento más que de coqueteo vulgar: ¡Mamazota!

Es así como María Alejandra Cardona creó una plataforma de difusión de contenidos y acceso a experiencias, diseñada para que las mujeres: casadas, solteras, separadas, divorciadas y de cualquier condición, encuentren la plenitud. ¿Cómo lo ha hecho? Usando su experiencia; evidenciando que una mujer merece un piropo más por las curvas de su cerebro que por las de sus caderas, que la belleza de un alma honesta es más brillante que el rubio mejor peinado, que la sensualidad de unos tacones están en la valentía que sostienen. Una mezcla entre indagación y ejemplo, que además le enseña a sus hijas y a todas las mujeres, que existen muchas y maravillosas formas de ser ¡Mamazotas!

Empezó a vivir sola, no recordaba esa sensación. Sus hijas se adaptaron al nuevo entorno, los días volvieron a necesitar las mismas 30 horas de sus jornadas en RCN, pero ahora cuidando no perder el equilibrio.

Se ajusta la chaqueta de cuero y la falda de tul que sus hijas aman verle, se acomoda el escote y las botas para atravesar lo que venga, agarra fuerte las tusas de ella y de otras, y se casa con ella misma. Se compromete a hacerse feliz sola o a acompañada, pero siempre leal a sus sueños.

Repasa a las mujeres que conoce, vuelve a leer las páginas de Oriana Fallaci -que en sus más oscuros tiempos ya la han salvado-, toma el teléfono, conforma un equipo, se mira de nuevo en el espejo y se repite: no soy una mujer diez, y estoy orgullosa.

Hace unos días se mudó y aún no todo está en orden, no se señala por ello, está aprendiendo a darse tiempo, a reconocer su valor más allá de los prejuicios, a recordarse la libertad de ser, de bucear en el mundo con la fuerza de su espíritu y la velocidad de su intuición, un aprendizaje que trabaja en compartir desde su trabajo ¡como toda una Mamazota!

 

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