Mariné Moré Morera y el poder de la autenticidad


Fotografía: María Paulina Lleras 


Fiel a sí misma, no ha comido de estereotipos, ni refinamientos impostados. Dice lo que piensa, hace lo que ama, se viste como le da la gana, tiene una pelea indefinida con los moños y las peinillas, dándole forma a su frondosa cabellera normalmente usando como peineta un lápiz.

Los dos cochecitos en paralelo recorrían la ciudad a manos de mi madre y su padre, de pronto Rey, como le decíamos en la familia a su papá, se detuvo, y en estado de epifanía le dijo a mi mamá: “Nancy, nunca olvides que Pili tiene el doble de la edad de Mariné”. Y era cierto, ella tenía 2 y yo 4 años, y apenas empezaba a escribirse la historia de la mujer, madre y profesional que me trae a estas líneas.

No, no soy objetiva cuando escribo de mi prima, y no temo aceptarlo abiertamente porque todo cuanto diga puede ser confirmado documental y testimonialmente. Como es pertinente a una familia de periodistas, en la que aprendimos a hacer boletines de prensa antes de finalizar el tiempo escolar.

Hija de la insignia de las relaciones públicas colombiana: Fabiola Morera Carvajal, y del primer presentador de programa de concurso televisado del país: Reynaldo Moré. Su genética ya había predicho que sería muy especial; sin embargo, solo su compromiso con cada uno de los objetivos que se ha puesto en la vida es lo que ha consolidado su reputación.

Directora Estratégica de la primera agencia de relaciones públicas independiente creada en Colombia, fundada por su madre hace más de cuarenta años; ha llevado a Morera comunicaciones a ser reconocida internacionalmente, y a marcar grandes hitos en el posicionamiento de marcas, así como en materia de comunicación con propósito.

Creyente y defensora del respeto por la diversidad y la equidad como objetivos angulares para el crecimiento de Colombia, se ha impuesto retos como el de lograr una comunicación personal, social y corporativa cien por ciento neutral, donde los juicios a razón de sexo, etnia, religión, preferencia sexual, política u otros, están completamente excluidos. En un ejercicio que tiene tanto de empático como de estratégico, porque si bien es cierto que hay mucho de idealista en la visión de Mariné Moré, es ante todo una empresaria.

Orgullosa de su orígen, no pierde oportunidad de exaltar la labor de su madre, trabajando hombro a hombro con ella, y escuchando con cuidado sus consejos, aunque en combinación con la información que día y noche recibe de distintas fuentes.

Se define periodista, es reconocida como experta en comunicación estratégica. Una mujer de este tiempo, a la caza de la innovación, pero siempre con un sello personal.

Viviendo a una velocidad que con frecuencia limita sus espacios personales, es normal verla jugar con sus hijos como otra niña más, insistiendo en ser una madre presente que edifica en ellos la confianza, pero sobre todo porque si hay algo que le guste en la vida es jugar.

Sí, jugar. Jugar a ser cantante frente al Karaoke que ama, o como una adolescente en la primera fila de los conciertos que le encanta frecuentar, o en un parque temático, o mojando a la familia con botellas de espumante en la fiesta de fin de año.

Juguetona que se toma la vida muy en serio. Una amalgama, como la mayoría de los aspectos de su existencia y sus proyectos, donde logra articular antípodas, que es en todo término su habilidad más potente y singular.

Fotografía: María Paulina Lleras

Primera miembro colombiana que tiene desde el 2023 la asociación internacional de relaciones públicas más grande del mundo, en su capítulo latinoamericano. Es consultora en comunicaciones de la entidad gubernamental internacional más respetada en materia de inclusión y diversidad, así como una periodista que ama escribir y que en medio de sus apretadas agendas, echa en falta ese tiempo de sosiego para que las letras fluyan.   

Graduada en comunicación social y periodismo de la Universidad Javeriana en Bogotá, tiene una maestría en comunicación, dirección y edición de medios escritos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Está casada con el diseñador y bicicrosista Juan Pablo Troya, manteniendo con él un diálogo que, a tono casi siempre de muy buen humor, navega entre el rigor y la ternura. Unión de la cual nacieron Matías y Daniela, dos seres que son el espejo de sus padres, tejiendo un cuarteto cofradía donde la complicidad es brújula.

Defensora de lo propio, es tan adepta a la comida asiática como a la tolimense, y de hecho no tiene reparo en mezclarlas. Le encanta la música Góspel, pero también es normal que se sepa la canción más popular del momento.

Le cuesta enormemente ir despacio, y mucho más detenerse. Su cabeza es un productor permanente de ideas y su naturaleza personal una máquina para conquistar voluntades; lo que hace casi natural que exista con la sensación de que ningún tiempo es suficiente.

Pocas veces en la vida se ha sentido insegura, por más que se ha sumergido en varios territorios con circunstancias violentas en busca de desarrollar alternativas de visibilidad, crecimiento y desarrollo especialmente de la juventud; porque cree en el poder de los sueños, y el de sumar en hacerlos realidad.

Su mayor logro en materia de reputación es ella misma, permanece en la cabeza de un montón de gente por sus particulares características. Mismas que con frecuencia le ganan las críticas de amistades y cercanos que quieren entrarla a la fuerza al club de los socialmente bien portados. A ella, una escorpión que nació con las alas puestas y abiertas, para abrazar con franqueza y dejar de saludar si es el caso.

Distraída, olvida desde las llaves hasta las medias, la chaqueta o los zapatos. Montada en la patineta de la vida, exprime cada segundo con su audacia de soñadora y su propia paleta para todo.

La vocación histriónica que inició en las filas de la escuela infantil de María Angélica Mallarino, sigue presente en cada paso que da. Y no desde lo falso; sino partiendo del alma que es capaz de meterse en la piel del otro para desde ahí poder comunicar.

Extraña a su padre, es evidente mientras mira las fotos donde él la cargaba siendo menor de lo que es hoy su hija Daniela. Insta a su memoria a redibujar el recuerdo como consuelo de una pérdida muy temprana, ante la que asegura con algo de tristeza y mucho orgullo: “yo tengo una mamá-papá”.

Le gusta el campo, los jardines grandes y todo espacio donde se pueda correr y celebrar sin preocuparse por más, y en consonancia con ello ha hecho cuantos cambios vitales y mudanzas se le han podido dar. Invitar amigos y gozar con la familia es de las cosas que le gusta disfrutar. No cocina, pero como ella misma dice: “es muy buena para pedir domicilios”.

Ha roto muchos esquemas en el mundo de las relaciones públicas en Colombia: desde el modo como se viste, hasta ingresar su compañía a la total virtualidad, estableciendo rigurosos parámetros de comunicación ética y responsable, hasta otra variedad de directrices que tienen como centro el bienestar y la calidad humana.

Creció en el mundo de la moda y lo social, su madre fue jefe de prensa de Colombiamoda, Colombiatex, Leather Show y de varias marcas en el Concurso Nacional de belleza durante décadas, pero nada pudo alienar su particular forma de ver el mundo y abordar la realidad.

La suya es una vida tejida sin mapa pues cree en el cambio, su familia es tan grande como quienes se han logrado ganar su afecto, entre quienes hoy están el segundo esposo de su madre: el pintor Jaime Osorio, la hija, el hijo y la nieta de este. El corazón de Mariné Moré Morera es un selectivo, enorme, y festivo lugar.

Su vida se sigue escribiendo en este instante, entre su portátil y su celular, que solo suelta cuando la batería se lo exige, pues por más última tecnología que adquiera, a esos aparatos normalmente se les acaba la energía antes que a ella; en una jornada laboral de horarios tan extravagantes que transcribirlos me sigue resultando una posibilidad irreal.

Equilibrista entrenada a punta de andar sin cordones, cada mañana se despierta muy temprano a seguir jugando con el malabarismo que implican todos sus papeles, a los que acaba de sumar ser miembro de la junta escolar del colegio donde estudió ella y ahora sus hijos, y un poco más de cuidado con ese cuerpo que con frecuencia exige con dolencias descansar.

Policroma como su closet, creativa y divertida, gerente determinada, la suya es y será la historia de quien necesita leerse sin juicio, en neutro. Prueba del poder de la autenticidad.

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