Exposición en el Espacio El Dorado: de la fuerza violenta a la no repetición


Por: María del Pilar Rodríguez

Curadora de arte

No puedo evitar reírme cuando alguien me dice: “el arte no sirve para nada”. Y no, no estoy hablando de su valor como activo refugio, u otras acepciones comerciales, sino de algo más allá: su función social. La forma unívoca en la que es capaz de decirle a una sociedad, a cada individuo de manera particular y contundente, lo que necesita sentir sobre un tema, incluso o en particular: la historia.

Galería Espacio El Dorado. Fuente de la imagen: Galería Espacio El Dorado

Sí, una obra de arte tiene la capacidad de entregarnos un mensaje personalísimo, mover emociones que creíamos extraviadas en el afán cotidiano, y tocar nuestra alma en un punto exacto que, más allá de la memoria y el diálogo verbal o escrito, si la dejamos, nos lleva a una reflexión privada, que como en el caso de esta exposición tiene un incalculable valor social.

Una de las palabras tristemente más repetida en Colombia es: Violencia. No en vano la obra magna de nuestro arte moderno, y pieza central de la colección Banco de la República, lleva el mismo título…  Con una diferencia respecto al peso de esa palabra, y es… un atisbo de esperanza… Sí, Alejandro Obregón en un acto poético y movido por la misma necesidad de cualquier colombiano de soñarse esta tierra finalmente en paz, dejó en la parte superior derecha de la pintura, -hecha a punto de veladuras solo perceptibles al ojo curioso o altamente sensible-, una paloma a punto de vuelo. Misma figura que, también tuvo mucho tiempo a manera de esténcil para pintarla en donde podía, con la idea de no dejar de hacerlo hasta que no hubiera paz en esta tierra que hizo tan suya.

Galería Espacio El Dorado. Fuente de la imagen: Galería Espacio El Dorado


Pintura que realizada en 1961, en Barranquilla, en las bodegas de la empresa de plásticos de su hermano Peter, nació como tema el 9 de abril de 1948, día que asesinaron al líder liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán, dándose inicio al período conocido como “La Violencia”, a pocas cuadras del estudio de Obregón por esos días en Bogotá: los altos del Teatro Faenza, de donde salió para encontrarse con la imagen siniestra del cadáver de una mujer embarazada que, haría emerger de su mano decenas de bocetos, antecedente de la pieza que en 1962 sería coronada con el Primer Premio de pintura del salón nacional,  para entonces era el máximo reconocimiento para un pintor en el país.

Narración que aparte de ser un capítulo angular en la historia del arte colombiano, confirma que el sentir humano consecuencia de los acontecimientos sociales, políticos, naturales u otros, solo podemos conocerla realmente a través del arte. Pues existen muchos medios para fijar la memoria de lo sucedido en el devenir de un país, -cada día más bajo la innovación tecnológica-, pero solo el arte nos abre la puerta a comprender como seguimos sintiendo la misma angustia y ansiedad ante este flagelo doloroso que nos limita, nos avergüenza, nos duele, indistintamente del hecho que lo genera, la persona u otras circunstancias… Una invitación a no seguir en este circulo de siniestra repetición.

Galería Espacio El Dorado. Fuente de la imagen: Galería Espacio El Dorado


Es así, como al enfrentarnos en la Galería Espacio El Dorado a la exposición: “Otros testimonios” que, podemos hacer un recorrido estético, simbólico, pero sobre todo emocional, del peso de ese lastre llamado violencia en Colombia, y como lo que cambian son solo los nombres; en un trasegar sangriento y doloroso, que en estas obras es tanto denuncia pública, como duelo privado. En una memoria tejida desde una observación descarnada pero no descarada, honesta pero no panfletaria; en un recorrido visceral que no es invasivo gracias a la diestra habilidad y compromiso, -alimentado no solo por la vivencia si no por la investigación-, de Pedro Alcántara, Umberto Giangrandi, Alfonso Quijano, Leonel Góngora, Ángel Loochkartt, Norman Mejía y el emblemático taller de obra gráfica Cuatro Rojo.

Bajo la curaduría de Christian Padilla, aplaudo el ritmo establecido en sala, pues comprendo la dificultad de no agobiar al espectador teniendo fuerzas tan complejas al unísono. Estando juntos varios de los más importantes expresionistas colombianos, pioneros en empuñar el asta del arte como medio de sensibilización a estas narrativas, que por oscuras a veces olvidamos, en esta Colombia que se ha protegido del dolor de sus propios avatares con una frágil memoria.

Galería Espacio El Dorado. Fuente de la imagen: Galería Espacio El Dorado


Una exposición que considero siempre pertinente, más en estos días donde coincide tanto con las noticias. Cuando es imperativo reconectar con lo esencial de la expresión para no morir de vértigo en medio de la híper especulación mediática.

Muestra que debo confesar me conmueve especialmente porque conozco a varios de sus protagonistas, bajo el denuedo de los contrastes Fauvé de Ángel, los contrapuntos oníricos descarnados de Norman, y la infidencia altiva de los claroscuros de Umberto, de cuyas manos he tejido una buena parte de mi carrera como curadora de arte.

En días donde cualquier “reto” es considerado motivo de exaltación instantánea y efímera en redes sociales, acercarse a obras con esta impronta histórica, que por su calidad de denuncia implicaron un alto riesgo para sus autores; es una lúcida manera de olvidarnos de bandos, partidos y preferencias socio políticas, para enfrentar a sensibilidad abierta que el dolor es uno solo, y la necesidad urgente de buscar caminos hacia tránsitos más amables para estas y nuevas generaciones es necesario.

Muestra que estará en Espacio El Dorado hasta el próximo 5 de julio, pero que imagino bajo el liderazgo de José Darío Gutiérrez, conquistará nuevos espacios, para que muchos dentro y fuera de Colombia (en especial líderes y tomadores de decisiones) vean la dimensión de nuestras tristezas, que requieren más de sensibilidades que de polaridades… Tal cual ya lo hizo al incluir una pieza de Umberto Giangrandi en el Museo Reina Sofía y al exhibir obras del taller Cuatro Rojo, en el Museo Jumex en México, y otros escenarios museológicos de talla mundial.

Galería Espacio El Dorado. Fuente de la imagen: Galería Espacio El Dorado


Exposición que aún lejos de una visión historicista, nos lleva de la mano por unas formas de expresión madura y sólida que retratan la fuerza de un capítulo excepcional de la pintura y la gráfica colombiana. Confirmando el poder de nuestro arte, que si bien, en particular con estos ejes temáticos, ha transcendido fronteras con el fin de alertar y conmover, tiene todavía muchos techos que romper desde una singularidad que bajo la maestría artística de creadores de esta talla, es también universal… Duelos que son tal cual la paloma de Daniel Alberto Alejandro María Obregón Rosés, un llamado desde la fuerza violenta a la no repetición.

 

Comentarios

Entradas populares