Isabel de Obaldía: brutalismo artístico latinoamericano de elocuencia global

 

Por: María del Pilar Rodríguez Saumet
Curadora de arte
@mapyrosa


Selva. 2024. Instalación de Isabel De Obaldía para la Bienal de Venecia 2024
Fuente: Archivo de la artista

Isabel de Obaldía, artista visual panameña, cuya obra constituye una experiencia reflexiva de alta volcanidad. Diálogo entre la investigación estética, técnica y social, la libertad expresiva y una férrea disciplina; al ritmo de una vocación de entraña abierta.

Surgida en un entorno de visión cosmopolita (nació en Estados Unidos de madre Francesa y padre Panameño). Su sensibilidad fue alimentada por el conocimiento y trayectoria, de su padrastro, el gran pintor panameño Guillermo Trujillo… Y en sus envolventes paisajes, se escuchan susurros, de la valentía intelectual, y vuelo expresivo, de su abuela: “La Alondra Chiricana”, como una confirmación de su compromiso de sangre.

Nocturno. 2024.  Fuente: Archivo de la artista

Contestataria y rebelde, crítica ecológica y social, su propuesta artística es antónima al panfleto activista. Su enfoque consolida escenarios de conmoción para que cada espectador encuentre en justicia su propia respuesta, tras encarar la realidad y la historia, desde una faceta profunda: la memoria oculta, la del sentir descarnado, lejos de lo escenográfico o idealizado.

Formada en cinematografía y diseño, conoce muy bien los trucos en la tramoya, y por ello los desarma con tanta habilidad. Manteniendo la frescura del boceto sin castigar la estructura de la pieza, ni mucho menos su peso conceptual y emocional.

Naufragio. 2020. Fuente: Archivo de la artista.

Pintura, instalación, dibujo y obra gráfica. Su propuesta artística devanea entre el brutalismo y el expresionismo, produciendo una seductora hecatombe organoléptica de evidente raigambre hispanoamericana, pero, con un lenguaje de carácter universal. Sobre todo, para quienes como yo, le seguimos haciendo reverencia a la honestidad siniestra de Bacon, Giacometti, y Luis Caballero…

Entendiendo el Brutalismo no solo desde los acabados duros, rugosos y hasta visceralmente incómodos de sus esculturas, si no como una actitud crítica que se entrega al servicio de la idea por encima de cualquier otra cosa. Y el expresionismo, como el ser, entregado sin límites en el quehacer físico de la obra plástica.

Compromiso tanto físico como emocional, que De Obaldía afronta con la entereza y convicción no solo de quien creció en medio del arte y se formó en rigor en Panamá, Francia y Estados Unidos. Sino como alguien que lo vuelve a elegir como modo de vida cada día; porque es claro que Isabel no le teme a los cambios y sus elecciones son cotidianas. Confirmación de su carácter de paso asertivo, en contrapunto justo al desenfado gestual de su dibujo: base estructural de su propuesta artística.

Detalle Selva. 2024. Instalación de Isabel De Obaldía para la Bienal de Venecia 2024
Fuente: Archivo de la artista

Detalle Selva. 2024. Instalación de Isabel De Obaldía para la Bienal de Venecia 2024
Fuente: Archivo de la artista

Se cocina en fuego, y no solo por hacer una alusión directa a su trabajo escultórico en vidrio, sino sobre todo por la densidad sensitiva de varias de sus propuestas que, no median en caricias, si no que impactan, haciendo uso del Fauvé ancestral, el tejido absorbente, laberíntico y mítico de la selva, en obscura armonía con andromorfos y zoomorfos vitreos, completos o fragmentados; en su dantesca, cruda e imperativa acepción.

Las medias tintas no son una posibilidad al acercarse a la obra de De Obaldía, el alma debe ir dispuesta a lo profundo. Es un trabajo edificado por una atleta dentro y fuera del quehacer artístico… Que intuyo es por demás parte de la dinámica que le permite un sano diálogo personal con su entorno.

Entre sus torsos las heridas de lenta o nula cicatrización no solo cuentan historias de desplazamiento, violencia, conflicto o aflicción, -a modo de memoria o llamado a la empatía-. Si no que impelen a una revisión de las propias cicatrices, causando cierto orgullo en el espectador por las que lleva talladas en el alma, tal vez no con la lucidez estética de Isabel, pero muy seguramente con la misma entereza de ella, en la época en la que toda imperfección parece ser vergonzosa…

Sus murciélagos, animales míticos, y nuevas iconografías que bien podrían ser ancestrales, formulan un diálogo cromático interno que con la luz nos ofrece pléyade de lecturas, conectando la imaginación con narrativas que van del temor a la ternura…

Bestia Tiburón. 2013. Fuente: Archivo de la artista.

En la obra de esta singular artista, los retos y fantasmas de nuestra naturaleza contradictoria y particularmente hispanoamericana se reconocen, como ese eterno tránsito que hemos vivido parados en nuestros países y sus profundos contrastes, mirando un poco hacia adentro y mucho hacia afuera… Más desde Panamá, latitud de nuestra América Latina excepcionalmente moldeada por los tránsitos… Mar de contrapuntos elocuente también en lo global…

Selva. Instalación de Isabel De Obaldía para la Bienal de Venecia 2024
Fuente: Archivo de la artista

Aplaudida, galardonada, dueña de una franqueza refrescante en medio de lo que irónicamente Vargas Llosa llamó “La civilización del espectáculo”. Isabel de Obaldía más que una rutilante hoja de vida ofrece un universo… El de una maravillosa escultora en vidrio, lúcida pintora expresionista y dibujante visceral, interesante representante del arte Hispanoamericano; haciendo dialogar nuestras infinitas crudezas históricas: migraciones, dictaduras, entre otros flagelos; con la fuerza de nuestro espíritu, nuestros mitos, leyendas e imaginarios; en una sincronía vital, no solo comprensible para quienes emergimos de estas tierras, pero si mayormente necesarias para reconocernos, confirmarnos o demarcarnos en esta época de grandes comunicaciones externas y pocas internas, globalización y xenofobia…

Isabel de Obaldía: Brutalismo artístico latinoamericano de elocuencia global.


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