Olga Sinclair: pincel de alma desaforada
Por: María del Pilar Rodríguez Saumet
Curadora de arte
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| En el taller de Olga Sinclair mayo 2025 |
El apellido Sinclair tiene hace décadas ganado un escaño en el arte hispanoamericano. Alfredo Sinclair con la fuerza de su pincel se ganó un puesto al lado de los grandes modernos de nuestros países, transformándose en el referente del expresionismo pictórico panameño. Luminosa trayectoria en medio de la cual nació otra pintora: su hija, Olga Sinclair. Quien, gobernada por una mezcla entre rigor y carácter, al ritmo de su singularidad libertaria, reconfiguró el sino de los herederos eclipsados por el talento de sus padres, haciéndose un camino estético autónomo lejos del parricidio o el culto a la personalidad del maestro-progenitor.
Superviviente
y autónoma, Olga Sinclair es reinvención y resiliencia, atada a una vocación
artística que la reta y la salva, la enfrenta y la arrulla, en un diálogo que
danza entre el consciente y el subconsciente con una fluidez clara para el
alma, solo de frente a su pintura abstracta, capaz de convertir los fantasmas en
amigos, y el mayor de los miedos en poesía.
Muy
al estilo de Feliza Bursztyn, carcajada y collar de perlas al cuello, Olga
Sinclair es tal cual el Océano Pacífico que la vio nacer: soledad gris y furia
policroma, belleza conmovedora o tempestad temible; una amalgama emocional de
tales extremos que no puedo evitar preguntarme como le cabe en el cuerpo…
Sin
temor a su femenino, de hecho, en pleno orgullo y conocimiento de las
particularidades que ello infiere, no se asume ni comparte como un ícono
feminista, aunque bien podría asumirlo, siendo evidente que ha bebido de las
fuentes tradicionales o contestatarias según ha sido su voluntad; con una sola
directriz mayor: el amor por su arte, por su familia y su libertad.
A
vuelo de pincel, su obra actual configura una coreografía cromática que, en
circularidades y brochazos rectos -aparentemente deliberados para el ojo
neófito-; logra una especie de hipnosis que invita a la larga contemplación.
Expresionista, en particular sus abstracciones, confirman el papel del artista
como canal emocional de eso que está más allá de las palabras…
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| En el taller de Olga Sinclair mayo 2025 |
Entré en el taller de Olga Sinclair hace algunas semanas en Panamá, con la certeza de enfrentarme a una obra importante en la geografía estética de la pintura continental, tanto su nombre como su trayectoria, son conocidos en el entorno global. Pero debo ser honesta, no esperé un golpe de tal fuerza emocional… Me impactó el lúcido baile de sus colores, la franqueza de sus movimientos y la soltura de su gesto; propias de quien reconoce la pintura no como un oficio, sino como su mecanismo de conservación, tal cual comer o respirar.
La
creación abstracta de Olga Sinclair es imperativa, cautiva, exige atención más
allá del efecto óptico que su paleta ofrece… Por una particular sinergia entre
el seductor juego del susurro personalísimo, con la explosión simbólica
multisensorial. Logrando con frecuencia exultantes contrapuntos que, existen gracias
a la intuición madurada entre investigación, autoconocimiento y una disciplina
que, como diría García Márquez de Alejandro Obregón: “ya quisiera Dios para sus
curas”.
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| Obra Olga Sinclair Fuente: archivo de la artista. |
Ritualista, perfeccionista y tecnicista como varias de las pintoras contemporáneas que más respeto. Su factura es una cuidada filigrana que, Sinclair logra enmascarar ante el espectador, dejando fuera de escena todo el tejido que sus sentidos perciben y asumen para llegar ahí: a una manada de alisios cromáticos que parecen haber emergido unos minutos antes de la mirada, solo para seducir los sentidos.
La
propuesta de Sinclair es vital. Entendiendo la vida como un sinnúmero de
instantes que se mueven, transforman y desarrollan en un camino que llamamos
existencia. Urdimbre casi infinita de contrastes, sobre todo, en nuestras
tierras hispanas, llenas de tantas narrativas que rozan lo irreal.
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| Obra Olga Sinclair Fuente: archivo de la artista. |
Olga ha hecho un recorrido académico dentro y fuera de las artes, en variedad de latitudes, cuya elocuencia confirman sus pinturas… Esos grandes linos que invocan una nostalgia estética raizal con intrepidez de dron contemporáneo; ofreciendo una mirada aérea de episodios de incandescencia emocional que, siendo oníricos, son también espejo de quien tenga dispuesta la sensibilidad…
Pintura
en femenino que no renuncia a la belleza como recurso, haciendo énfasis en el
equilibrio entre texturas, color y gestualidad. En un intrincado sistema donde
serendipia y control encuentran una forma de diálogo singular. Lo de Olga
Sinclair es la pericia de la libertad calculada, tal cual sucede en el ballet,
donde la suavidad natural de un gesto es el resultado de exactamente todo lo
contrario: un ensayo obseso, disciplina más allá de lo militar.
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| Obra Olga Sinclair Fuente: archivo de la artista. |
Con más de cincuenta exposiciones individuales y dos centenares de colectivas, dueña de una sintaxis visual que nació bajo las enseñanzas de su padre, Olga reconoce y exalta el poder de lo vivido en la infancia; entre otras porque no ha renunciado del todo a su sensibilidad infantil… Sumando por ello a la exigencia de sus telas, la Fundación Olga Sinclair, donde le da a los niños y niñas (especialmente en su natal Panamá), herramientas para desarrollar habilidades en el mundo que lo es todo para ella: la pintura.
Olga
Sinclair sonríe, en sus fotos, en su manera de comunicar, en las ironías que de
cuando en cuando deja plasmadas en sus obras, en esa permanente disposición a
dejarse sorprender: por los sueños, los recuerdos, las ideas y lo que vaya
apareciendo en su camino, en medio de su global quehacer…
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| Obra Olga Sinclair Fuente: archivo de la artista. |
Dejarse atrapar por la obra de Olga Sinclair infiere un juego entre los sentidos, la memoria y los sentimientos, que puede ser tan largo y profundo como pasa justamente con los juegos de los niños, donde los límites de la imaginación están mágicamente desdibujados.
Panameña
de nacimiento, trotamundos por vocación. Lúcida representante del expresionismo
femenino hispanoamericano… Olga Sinclair: pincel de alma desaforada.








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